domingo, 14 de diciembre de 2008

"De Facto. Joan Fontcuberta. 1982-2008"

“El paleontólogo jesuita exhuma los restos de hydropithecus, un homínido acuático del Mioceno. Los esqueletos fósiles revelan una morfología de sirénido” Esto no es más que un pequeño aperitivo de la exposición que actualmente nos ofrece El Palau de la Virreina. Se trata de una interesante y antológica aproximación a la obra del destacado crítico, artista y docente Joan Fontcuberta, un intelectual de la imagen que se ha convertido en una de las figuras más esenciales de la fotografía contemporánea.

La exposición realiza un recorrido por una selección de obras pertenecientes a diecisiete proyectos del artista que cuestionan el uso de la imagen como documento fiel a la realidad. Imaginativo, heterodoxo y provocador, Fontcuberta nos invita a reflexionar alrededor de ficciones visuales que se mueven entre los límites de la certeza y su imitación. Consciente de la confianza y credibilidad que suscita en el espectador el componente mecánico de la cámara fotográfica, el autor se niega a asumir la condena objetiva de la imagen y rehuye de considerar la fotografía como una trascripción literal de la realidad. Para él, toda fotografía es una conspiración. Fontcuberta, se sumerge a modo de "hacker que se infiltra en los dispositivos epistemológicos suministradores de certeza", con el objetivo de desmantelar la trampa de toda imagen y destruir el poder de convicción que habitualmente se asocia a la fotografía. Se nos vende una idea documental de la fotografía errónea que no se corresponde a la realidad de la imagen. Fontcuberta quiere recuperar un tipo de fotografía metadocumental, una fotografía que introduce la duda en la fotografía documental porque, sólo a través de la ficción nos podemos aproximar a la verdad. En este sentido, la exposición juega constantemente con la incertidumbre para mostrar al espectador los peligros que esconde la inocente y banal credulidad visual.

La muestra se organiza en consecutivas habitaciones individuales que recrean, de forma muy atractiva, las diferentes ambientaciones de cada serie-fraude. La exposición dispone los proyectos de forma estratégica, como si todos ellos configuraran un mismo y nuevo discurso que respeta el modus operandi de las obras individuales. Así, observamos como los proyectos más reales van abriendo paso a los proyectos de carácter más ficticio hasta llegar al divertido Milagros & Co y finalizar con el crítico Deconstruir Osama. Entre los proyectos destaca Sputnik, una historia de la supuesta desaparición de un cosmonauta soviético, Ivan Istochnikov (2). Una completa instalación compuesta no sólo por fotografías sino también por objetos rememora la odisea del espacio vivida por este astronauta: réplicas de los cohetes, uniformes, vitrinas con documentos, con objetos, etc. Fontcuberta ironiza sobre la concepción que la Unión Soviética tenía de la histórica “guerra de las galaxias”. Tal y como, se menciona en los textos explicativos “el descrédito simultáneo del realismo fotográfico y del realismo socialista. El secreto de Estado como coartada por la desinformación y la propaganda. Las mentiras del poder, el poder de las mentiras” (3) . Se muestran imágenes delirantes como la del astronauta protagonista y una perra que la acompañaba, saliendo a dar una vuelta por el espacio o una solitaria botella de vodka con un mensaje dentro que navega suspendida a través de la inmensidad del espacio, tras la misteriosa desaparición de Istochnikov. Fontcuberta crea artículos en formato de prensa tradicional, audiovisuales, imágenes, objetos, cartas,... El conjunto configura una falsa realidad que provoca en el espectador, en primer lugar, convicción, después sospecha y, finalmente, un posible y esperado rechazo intelectual. En todo caso, suscita reflexión, un estado que exige tanto mirar como pensar. La idea del artista es que un contexto bien vestido es capaz de generar persuasión. Fontcuberta, en este sentido, no desvela la ficción, juega con la doble verdad y deja que el público vaya descubriendo por si mismo la dimensión de la trampa de su trabajo. Los proyectos se articulan como pequeñas bombas de relojería situadas estratégicamente. Estos dispositivos van estallando de forma puntual y son numerosos los ejemplos en los que la ficción creada por Fontcuberta se ha convertido en una realidad escandalosa, punzante. Quizá una de las explosiones más destacadas fue la que se produjo en el programa “Cuarto Milenio” en el que el periodista Iker Jiménez trató a Istochnikov como parte oculta de la historia de la cosmonáutica rusa. Es curioso observar como el presentador afirma “en las fotos oficiales no aparece y estaba ahí”, "aquí tenemos una foto donde realmente está". Esto es la máxima culminación de deseados proyectos ficticios que se entremezclan con una falsa realidad seducida, enamorada ciega. Es la conquista de una tierra de nadie donde verdad y mentira se tornan conceptos flexibles, en constante transformación. Sólo la reflexión crítica y rigurosa es capaz de dotar de significado a la representación.

En conclusión, se trata de una exposición interesante, de carácter conceptual, que recoge un conjunto de provocadoras simulaciones visuales el objetivo de las cuales es implicar al espectador en un falso proceso de construcción de la realidad. La experimentación plástica de Fontcuberta configura auténticos mundos paralelos que seducen a la sospecha humana. La fotografía es revisada de forma crítica desde la razón, la verdad, la memoria y otros conceptos que ponen en evidencia la naturaleza mutante y poliédrica de la imagen.


(1) Fontcuberta, Joan. El libro de las maravillas. Barcelona: Actar, 2008, p. 178.
(2) Nombre que es la traducción al ruso de Joan Fontcuberta.
(3) Fontcuberta, Joan, op. cit., p. 166.