jueves, 10 de enero de 2008

La representación del contenido visual: la indexación de imágenes

Cuando hablamos de representación del contenido en la fotografía hablamos fundamentalmente de indexación, operación que, seguramente, es una de las más complicadas de llevar a cabo pero, a su vez, es la más determinante en el momento de la recuperación. Para referirnos a la indexación adoptaremos la definición planteada por Sílvia Domènech que la conceptualiza como “tècnica que caracteritza el contingut dels documents i/o les demandes documentals retenint les idees més representatives per vincular-les a uns termes d’indexació adequats, bé procedents del llenguatge natural, bé procedents d’un llenguatge documental prèviament seleccionat” (1). Debido a su gran extensión y heterogeneidad, en fotografía, con el objetivo de evitar la ambigüedad de los lenguajes naturales, se recomienda el uso de lenguajes documentales y se propone como situación ideal el empleo del tesauro (2). Sin embargo, actualmente la elección del lenguaje documental está condicionada por la naturaleza del archivo (fondo, usuarios, etc.) y por la cantidad de recursos disponibles del centro ya que la elaboración de un tesauro implica una inversión humana y económica importante.
Indizar fotografías es complejo. La indexación de documentos textuales ya significa, en sí misma, una tarea que requiere un determinado esfuerzo intelectual y que lleva aparejados unos niveles de subjetividad bastante elevados. Si a la dificultad intrínseca de la indización le añadimos las especificidades propias de las imágenes, resaltando en este caso la enorme carga emocional que acompaña a los documentos visuales, nos hallamos ante una operación que requiere una concentración importante. Para tratar de aliviar la problemática planteada, Silvia Doménech hace cuatro recomendaciones que apuntamos a continuación (3). En primer lugar, es necesario saber leer las fotografías y es que estamos hablando de un lenguaje no escrito, no verbal, que tiene sus propios elementos y sus particulares interpretaciones. En segundo lugar, es importante concretar la unidad de descripción de la imagen que en un principio ha de ser “la part visible més petita que es pot reaprofitar” (4). A continuación, también sería conveniente fijar unas normas de indexación teniendo en cuenta el fondo con el que tratamos, la tipología de nuestros usuarios y el grado de descripción documental. Finalmente, como última recomendación Silvia Domènech hace mención a la figura del indexador de imágenes, una persona que debería tener pericia y soltura en la lectura de imágenes, capacidad analítica y sintética, dominio de la terminología fotográfica y de la lengua en que se indexa y, por último, control de técnicas y fuentes documentales complementarias.
Dentro de la descripción del contenido deberíamos incluir, como mínimo, los siguientes campos (6): un resumen del contenido, descriptores de autoridades (personas y entidades), descriptores geográficos y descriptores temáticos (7).

(1) Doménech, Sílvia. “La indexació de fotografies”. Métodos de Información. Núm. 34, 1999, p. 61.
(2) Boadas, Joan; Casellas Serra, Lluís-Esteve; Suquet, M. Àngels. Manual para la gestión de fondos y colecciones fotográficas. Girona: Centre de Recerca i Difusió de la Imatge, (CDRI), Ajuntament de Girona, 2001, p. 198
(3) Doménech, Silvia, op. cit. (1999), p. 62.
(4) Ibid., p. 63.
(5) David Iglesias nos recuerda correctamente como en ocasiones el enorme volumen que representan determinados conjuntos fotográficos “una discriminación en el nivel de descripción es a menudo inevitable para abordar la totalidad de los materiales”. (6) Iglesias, David, “La gestión de la imagen digital” [en linia] Hipertext.net. Núm. 2, 2004 [Consulta: 10.01.2008].
(7) Foix, Laia, “La Catalogació descriptiva de les imatges fixes”. Métodos de Información. Núm.34, noviembre 1999, p. 58.