Figura fundamental de la fotografía de posguerra, desde su debut en los años setenta, Chris Killip abre una nueva vía en la fotografía documental: el retrato de las clases obreras, en pleno proceso de desmantelamiento de la industria que las había creado y mantenido desde principios del siglo XIX. Las fotografías testimonian la verdadera cara de las agresivas políticas de privatización de Margaret Tatcher: empobrecimiento, injusticia y desesperación.